Era bueno alisar su trasero marmóreo
y en el deletrear mi destino completo:
pasión, voluptuosidad, dolor, vida y muerte besándose
en albos esponsales en curva infinita.
Era amargo sentir en su frío trasero
el color de otro final, la esférica renuncia
a toda aspiración de amarla de otra forma.
Sólo las nalgas existían, el resto era espejismo.
(Vesión en Español Saúl Ibargoyen)
miércoles 25 de agosto de 2010
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